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26.4.20

Lecciones del COVID: la parte que olvidamos.

Los seres humanos nos construimos a base de experiencias vitales. Algunas veces son fruto de nuestras elecciones, pero en otras ocasiones - la mayoría de ella, me atrevería a decir - nos vienen en mayor o menor medida impuestas por las circunstancias.
Este es el caso de la pandemia y su confinamiento. Y como de cualquier experiencia, por muy terrible que sea, somos capaces de extraer enseñanzas útiles, no iba a ser menos ahora.
Cada cual, lógicamente, obtendrá sus propias conclusiones y debería hacerlo por sí mismo, pero permitidme que comparta con vosotros alguna de las mías.

Tras mes y medio de encierro la lección más importante que he aprendido es esta: que con frecuencia olvidamos nuestra parte intangible o "espiritual". Y me explico.

Nuestra cultura occidental del siglo XXI está centrada en lo material. Le economía está basada en el consumo de bienes y servicios. Nuestro día a día lleno de objetos: la ropa que vestimos, los productos que utilizamos, los enseres, la comida y la bebida; el móvil, su cargador, el ordenador y su cargador, los auriculares y su cargador... etc. etc. ¡Solemos estar ocupados con tantas cosas!
Es cierto que la mayor parte de las veces son medios que nos ayudan, pero ¿para qué nos sirven? ¿Vivimos con la mente puesta en los fines o en los medios?

Hay un factor común: la fascinación tecnológica. Nada más codiciado que el último modelo de smartphone, el último gadget de Apple o invento de Google. A las nuevas generaciones nos apasiona, ¡a mí el primero!

Y, de repente, nos quedamos en casa "atrapados" frente a las pantallas, cansados de utilizarlas y olvidándonos de salir a comprar una tele 8K. Tenemos la sensación de que ahora mismo no es necesario. Pero entonces, ¿qué es lo fundamental?

Resulta que las cosas esenciales son muy pocas. Lo fundamental, una vez cubiertas las necesidades básicas, se encuentra en la parte que no vemos, la parte que nos hace humanos.

Esencial es levantarse por la mañana y tener un objetivo en la vida.
Esencial es encontrarse bien de salud, o cuidarse cuando estás enfermo.
Esencial es prestar atención a nuestro estado de ánimo y saber gestionarlo.
Esencial es amar y sentirse amado.

Es decir, lo fundamental está en el espíritu. Y la parte espiritual es gran olvidada, la que en nuestro día a día despreciamos.

Ese "espíritu", ese corazón que nos alimenta, esa parte que nos permite ponernos en contacto con Dios y con nuestros hermanos. 

11.4.17

Semana Santa 2017, de mano de María

Hace casi dos mil años Dios entregó a su Hijo Único para que muriera por nosotros.
Es mucho tiempo. Nos queda muy lejos. Y aún no nos hemos dado cuenta del todo qué significa eso de "por nosotros".
Pero aquí estamos, como pueblo cristiano, dispuestos a celebrar un año más los Misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. 
Y no es sólo una tradición: quizá hoy más que nunca necesitamos despertar, tomar conciencia de lo que vamos a hacer, de dar sentido a la liturgia, a las procesiones...
Vivimos en la sociedad del bienestar, del confort. Es un mundo que - a pesar de las dificultades que encontramos - podemos decir que es cómodo y fácil. Basta con preguntar a nuestros abuelos o echar la vista atrás unas décadas. Disfrutamos de libertades de todo tipo, de derechos, de servicios públicos gratuitos, de electrodomésticos que nos facilitan el trabajo del hogar, de transportes rápidos y cómodos. Tenemos, gracias a Dios, una sanidad, una educación, unos comercios, unas fuerzas de seguridad, unas carreteras estupendas y, por qué no decirlo, unas hipotecas y unos seguros a "todo riesgo" que nos dan tranquilidad. Vivimos en paz.
Hay una industria del entretenimiento muy importante, dedicada en cuerpo y alma a divertirnos: películas de cine, series de televisión, videojuegos, deportes, noticias del corazón... y ahora además la tecnología ha invadido nuestro día a día a través de las redes sociales. Disfrutamos de las mil posibilidades del teléfono móvil y de Internet. Incluso en el ámbito de lo religioso - aún existiendo ataques de vez en cuando a nuestras creencias - tenemos la posibilidad de ir a misa todos los días, de confesar con frecuencia; se organizan retiros espirituales periódicamente. Tenemos cofradías en las que participar. Nuestros hijos pueden ir a catequesis. Existen libros de espiritualidad fabulosos. Es decir, que no tenemos grandes impedimentos para vivir una vida honrada, cristiana y piadosa.
Es verdad que en nuestra sociedad hay mucha indiferencia, pero ¡nuestro país no es Siria ni Irak, ni China, donde nuestros hermanos aún hoy siguen siendo perseguidos y muriendo como mártires del siglo XXI!
Aquí, en España, en muy poco tiempo nuestras vidas han cambiado y podemos decir que "a mejor", porque aunque sigue habiendo violencia, pobreza, problemas de adicción, de salud mental... lo cierto es que nuestro día a día generalmente suele ser tranquilo. Poco a poco parece que hemos acabado con el problema del terrorismo; poco a poco parece que vamos saliendo de la crisis económica. Vemos que la vida sigue. 
Únicamente cuando llega una desgracia importante (la pérdida del trabajo, un accidente, una enfermedad grave, la muerte de un ser querido...) pensamos que nos "va mal" y caemos en una especie de depresión. Pero es transitoria, dura unos días o unos meses... y volvemos a entrar en la rutina de nuestra sociedad de consumo. Nos decimos que "hay que seguir adelante", que "el tiempo todo lo cura". 
Cuando somos ya mayores, con nuestra pensión de jubilación, tenemos la tentación de pensar que "ya hemos hecho bastante en la vida" y que es la hora de descansar, de disfrutar de los hijos y de los nietos y olvidarnos de todo lo demás.
¿Qué tiene que ver todo ésto con la Semana Santa? - os estaréis preguntando.
Pues yo creo que mucho. Porque podríamos hacernos la pregunta al revés: ¿De verdad tiene que morir Jesucristo en la cruz por "nosotros"? ¿Le necesitamos a Él? ¿Necesitamos que muera, que vuelva a morir por nosotros? No por la humanidad, por los seres humanos... No. ¿Por ti y por mí? ¿Necesito yo que Jesús muera en la Cruz para salvarme?
¿No nos salvó una vez ya en el monte Calvario? ¿A qué distancia está eso de España?
Es mucho tiempo. Nos queda muy lejos.
Y, sin embargo, Dios no se cansa. Vuelve a salir a nuestro encuentro. Dios sigue teniendo algo que decir en nuestras vidas. Porque, aunque no nos demos cuenta, seguimos necesitando la redención. Porque el problema no es nuestra vida exterior, sino lo que tenemos en el corazón. El mismo Jesús lo explicó claramente cuando dijo que "del corazón del hombre salen todos los malos pensamientos, los asesinatos, los adulterios, las fornicaciones, los robos, los falsos testimonios, las blasfemias" (Mt 15, 19). En definitiva: todos nuestros pecados.
Evidentemente, tampoco significa que seamos asesinos ni ladrones. Pero no lo olvidemos: nuestra vida es en apariencia cómoda y pacífica, pero seguimos siendo pecadores. Nuestra naturaleza herida nos hace débiles, y con facilidad caemos en la crítica fácil, en el engaño, en la pereza, en el desánimo... o incluso en el insulto, en la falta de respeto o en el rencor a aquellos que no somos capaces de perdonar. ¡No debemos extrañarnos por eso! Al contrario debemos ser conscientes de nuestra fragilidad. Lo importante, como digo, es lo que tenemos en el corazón, la manera en la que nos comportamos con nuestro vecino, con nuestra propia familia, con los compañeros de clase o del trabajo.
¿Necesitamos que Jesús vuelva a morir por nosotros en la Cruz?
¡Sí, lo necesitamos! Porque no hay nada que nosotros podamos hacer para "compensar" nuestras ofensas a Dios y a los hermanos. Es Él con su muerte, con su corazón traspasado, el único que nos permite reconciliarnos con el Padre, borrar nuestro pecado y volver a empezar.
Mirad: estamos a punto de conmemorar el centenario de las apariciones de la Virgen del Rosario en Fátima. 
Fátima es un lugar especial para mí. El mensaje central a los pastorcitos fue muy claro: "Que no se ofenda más a Dios Nuestro Señor, que ya está muy ofendido". He aquí la clave, hermanos, que Dios nos ama y es Amor. Quiere nuestro bien y nos pide que nos amemos los unos a los otros.
Por tanto, cada vez que nos llevamos mal con el prójimo; cada vez que "pasamos" de ayudar a alguien; cada vez que miramos con indiferencia a quien nos pide ayuda... ofendemos a Dios y nos alejamos de Él.
Por este motivo es necesario que volvamos a celebrar la Semana Santa. Para recordar este amor tan grande, para que reavive en nosotros el deseo de corresponderle. 
La Virgen María nos da la receta para que no olvidemos nuestra necesidad de conversión: oración, adoración, fe, esperanza y amor.
¡Dios mío, yo creo, adoroespero y te amo! ¡Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan, no te aman!
Un año más tenemos la oportunidad de vivir una Semana Santa con este Espíritu de fe y de humildad; con deseos de ser mejores, de volver a recordar lo que Dios ha hecho por nosotros, hasta considerarnos sus hijos. 
Para eso, os propongo lo siguiente: vamos a tomar la mano de la Virgen y vamos a mirar con sus ojos. Acompañemos a nuestra Madre a lo largo de estos días de Calvario y de Gloria. ¿Quién como ella nos puede ayudar a comprender mejor lo que va a suceder?
¿Quién como ella pudo vivir más intensamente la Pasión y la Resurrección de su Hijo?
¿Quién como ella para darnos consejo de Madre?


Domingo de Ramos
Comenzaremos nuestro recorrido el Domingo de ramos, un día bellísimo de primavera. El mes de Nisán resplandecía.Se acercaba la gran fiesta judía de la Pascua y Jesús subía seguido de sus discípulos hacia la ciudad Santa de Jerusalén. Seguramente María iba con ellos, junto al grupo de mujeres que solía acompañar y servir al Maestro.
No era la primera vez. Los judíos que se tomaban en serio su fe solían acudir al templo todos los años, puesto que creían que sólo en el Templo de Jerusalén, el templo de David y de Salomón, se podía adorar de verdad a Dios. En el templo se habían conservado las tablas de la ley, símbolo palpable de la Alianza. En el templo se sacrificaban los animales para agradar a Dios.
Habían pasado unos treinta años desde que María había entrado en aquel mismo templo, acompañada de su esposo José, para ofrecer a su Hijo primogénito según la tradición. Volvía ahora a cruzar el valle de Cedrón, ruta habitual de los peregrinos. Quizá aún resonaban en su mente las palabras del anciano Simeón: "A ti, mujer, una espada te atravesará el corazón". 
Esta vez era especial, eso sí que lo sabía. Jesús había anunciado en varias ocasiones que esta Pascua sería diferente. De hecho, había predicho claramente que "debía padecer mucho, ser rechazado, muerto y resucitar al tercer día". 
Este anuncio, que ni siquiera los apóstoles habían comprendido, que le valió a San Pedro una dura reprimenda por parte de Cristo, seguramente había sido recibido por María de una manera diferente. Quizá ella intuía lo que debía suceder; había visto la manera en la que la predicación y las obras de su Hijo habían sido rechazadas por los sabios y entendidos; había visto el modo en que sus palabras de amor, de perdón y de fidelidad a Dios habían sido malinterpretadas. Y, sobre todo, sabía que las palabras de Jesús no eran nunca vacías, sino que estaban llenas de Verdad. Si Él decía que debía padecer y ser muerto... sólo podía significar una cosa.
Sin embargo, aquel día el ambiente era de fiesta. Jesús tenía un buen número de seguidores que le seguían por el camino y muchos de los discípulos que le conocían y que estaban en Jerusalén habían salido a recibirle. Estaban emocionados, entre otras cosas porque muchos habían presenciado hacía apenas unas semanas la resurrección de Lázaro en Betania (a pocos kilómetros de distancia). 
En algo estaban todos de acuerdo: Jesús era reconocido como un gran profeta. Tenía algo que decir al pueblo.
Por eso las aclamaciones, por eso arrancaron palmas y alfombraron el camino con sus mantos.
Con este mismo espíritu debemos nosotros entrar en la Semana Santa: poniendo nuestros "mantos" a los pies del Señor. El manto de nuestro tiempo; el manto de nuestros sentimientos; el manto de nuestra familia. Todo lo que tenemos, pongámoslo a sus pies para recibir otra vez a nuestro Señor que viene como Mesías. 

¿Y qué decir del burrito? ¿Qué pensaría María al ver a su hijo subido en él, siendo aclamado por todos?
¡Bendito el que viene como rey, en nombre del Señor! Paz en el cielo y gloria en las alturas.
¿No os recuerdan estas aclamaciones aquellas otras que se resonaron en la Nochebuena? ¿No hizo también María un camino a lomos de un borrico hacia la ciudad de Belén? Es porque un rey, una reina, merecen una montura. Pero este Rey y esta Reina han escogido la más humilde de ellas. Porque Dios ha manifestado su gloria en lo pequeño... y así va a ser hasta el final. Porque el amor no necesita demostrarse en grandes cosas; ni siquiera depende de cosas materiales. 
El pueblo judío aclamó a Jesucristo antes de su pasión. Nosotros, con María, lo aclamamos sabiendo que finalmente su Corazón traspasado triunfará sobre el pecado y la muerte. Por tanto, comenzaremos la Semana Santa con alegría y esperanza.

Jueves Santo
Poco nos dicen los evangelios sobre lo que sucedió entre la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén y el Jueves Santo. Podemos estar seguros de que fueron días de preparación para la Pascua. Y es muy litúrgico y muy pedagógico que en el pueblo se respeten estos tiempos, porque corremos el riesgo de querer hacer una programación a nuestro antojo, como sucede en ocasiones, que parece que faltan días para sacar procesiones; a veces el afán de protagonismo nos puede a los humanos... y la Semana Santa se convierte en un desconcierto sin orden ninguno. Me consta que no es esto lo que ocurre en Arroyo de San Serván, sino que la próxima gran cita es la Santa Cena. 
El triduo pascual debe ser el centro de nuestras celebraciones y debemos vivirlo lo más intensamente posible, con una gran emoción, comenzando por la Última Cena del Señor con sus discípulos. Es un día intenso, cargado de símbolos y de significado. Es una cena de despedida, dramática por momentos, pero al mismo tiempo es el inmenso regalo de nuestro Dios que quiere quedarse con nosotros para siempre. 

Para siempre. ¿Os dais cuenta? Encontramos aquí el sentido que tiene celebrar esta Semana en España y en 2017. Porque  durante estos días nuestras calles se transforman en Jerusalén, nosotros como cofrades o como pueblo cristiano, haremos que nuestro pueblo se inunde de “Evangelio”, porque si os fijáis bien, nuestros pasos solo son eso, las caras de nuestros Cristos, nuestras Vírgenes, todo... es una explicación del Evangelio, es en definitiva una representación de un momento concreto de la Pasión, que nosotros con orgullo ponemos en la calle para mostrarlo al mundo entero.
Y el Evangelio este Jueves Santo nos vuelve a interpelar. El Maestro nos recordará una vez más que nuestra vida no tiene ningún sentido si no la entendemos desde el Amor y desde el servicio a los demás.
Durante los oficios de Jueves Santo se representa el lavatorio de pies. El sacerdote lava los pies a personas seleccionadas, en ocasiones personas dependientes. Este gesto tan llamativo dentro de una celebración litúrgica nos debe hacer preguntarnos:
 ¿A quién lavo yo los pies? ¿Con qué espíritu cumplo mis obligaciones y mi servicio en la familia, en la comunidad? ¿Me gusta ser el primero y más importante o prefiero estar al servicio de todos?
¡Quién como María entendería mejor las lecciones de Jesús! Ella, que se preguntó cómo era posible que el Enmanuel, el Hijo de Dios, naciera en un establo. Ella que fue la "esclava del Señor". Ella que pasó desapercibida en aquella Pascua, sirviendo a la mesa. 
E igualmente, con respecto al mandato de Cristo en la institución de la Eucaristía, quizá debemos revisar nuevamente nuestras actitudes: ¿Entendemos que la misa del domingo es lo más importante que podemos hacer durante la semana? ¿Le damos prioridad por encima de cualquier cosa? ¿Somos capaces de vivir y experimentar el Amor de Dios en ella?
Porque "no podemos vivir sin celebrar los misterios de nuestra fe".
Porque ya lo dijo Jesús aquella noche de primavera en el Cenáculo: "Como el Padre me ha amado, así os he amado yo. Permaneced en mi amor".
Es un amor de entrega, de lucha, de sufrimiento y de gozo, pero sobretodo un Amor con mayúsculas que necesitamos experimentar en primera persona. Porque Dios nos sigue amando a cada uno, se interesa por nosotros y quiere que estemos cerca de Él. Por eso se queda cada Jueves Santo. Por eso nos espera en el sagrario y por eso tiene sentido que además de la celebración litúrgica y de la procesión, dediquemos ese día un ratito a estar con Él en la Hora Santa. A acompañarle. Para eso se queda el templo toda la madrugada abierto, con Turnos de Vela, como una manera de que Jesús no se quede solo en ese trance de las horas previas a su Pasión; mientras reza al Padre en el Monte de los Olivos e implora que la voluntad del Padre sea otra, pero dispuesto siempre a hacer lo que Él diga.

Muchas iglesias procuran organizar la madrugada para no quede el templo vacío, y personas concretas en silencio anónimo pasan buena parte de la madrugada velando con Él. Seguid así aquel mandato: “Velad y orad para no caer en tentación”.
Porque si es cierto que está muy ofendido, también lo es que recibe consuelo de nosotros cuando somos capaces de entregarle nuestro tiempo y nuestra amistad, nuestra cercanía y cariño, aunque sólo sea estando con él un ratito; velando con él antes de su Pasión. 

¡Que resuenen en nosotros aquellas palabras del discurso de nuestro Señor!
"Quien pierda su vida por mí, la encontrará".
Y también:
"Quien come de mi carne y bebe de mi sangre tiene ya la vida eterna y yo le resucitaré el último día".
Es esta una gran esperanza, que debemos vivir como una gran espera.
Esperamos junto a Él, porque se nos ha quedado en el pan y en el vino, en lo más sencillo y a la vez lo más grande.
Así que volvamos a sentarnos a la mesa y a contemplar este gran milagro, como hizo María.
¿Acaso no recordaría perfectamente aquel otro momento en el que su Hijo convirtió el agua en vino a petición suya? ¿No fue ella la que pidió ayuda para los novios que se quedaban sin vino? Ahora, sin embargo, la iniciativa era de Dios, que no se deja ganar en Amor: el agua convertida en vino alegró las bodas de Canaá, pero ahora este vino se convierte en la Sangre que brota del Corazón de Cristo, que se va a entregar por nosotros - aquellos que le aceptamos - y va a alegrar nuestras vidas de un modo definitivo.
Sin duda, por tanto, se trata de una ocasión única. Hagámosla nosotros también especial y reavivemos nuestra fe en el sacramento de la eucaristía. 
Además, no debemos olvidar que en esta noche celebramos también el regalo de la institución del sacerdocio ministerial. Es una bendición que todavía hoy en día contemos con un buen número de sacerdotes en las parroquias, y es nuestra tarea también cuidarlos y dar gracias a Dios por ellos y por su entrega. ¡Felicitémosles de corazón en este día! Y roguemos incesantemente al Señor que nos envíe pastores según su Corazón, que siga llamando como lo hace a niños y jóvenes para desempeñar este gran ministerio de la Iglesia, y recemos por la fidelidad y la santidad de todos los sacerdotes, pues si siempre ha sido importante aún más lo es hoy en día porque cualquier pecado mortal se convierte en noticia y es motivo de escándalo.
Precisamente la traición de Judas y la oración en el Huerto de los Olivos nos ponen en situación para afrontar la jornada del Viernes Santo predispuestos a vivir lo que el Señor quiera de nosotros. Las procesiones "del silencio" están en sintonía con estos sentimientos y pone el foco en la preparación para la pasión, acompañando al hombre abandonado y humillado y a su madre que pasa junto a Él sus últimos momentos en este mundo.  

Viernes Santo
Llegaremos así al día más triste de todo el año. Más que tristeza (que también) diríamos "espanto", porque el triste espectáculo de la Pasión y Muerte de Nuestro Señor no debe conducirnos al desaliento ni al desánimo: sabemos que finalmente el triunfo y la gloria prevalecerán sobre la injusticia y la muerte.
Pero es un día para rezar intensamente. Para tener el mente los sufrimientos de Cristo por nosotros, y poder poner así en una balanza nuestros propios sufrimientos.
A veces, tal y como decía al comienzo, parece que nos ahogamos en un vaso de agua; nos quejamos por todo y sin razón, sin darnos cuenta de lo cómoda que es nuestra vida.
Otras veces, sin embargo, nuestros corazones sufren por motivos más profundos. Es este un día para contemplar la Cruz y para unir todas nuestras cruces a la de Jesucristo. Porque Él es el único que puede dar sentido a todo lo que nos ocurre; porque Él carga con todos nuestros errores y nuestras culpas; porque nos da la oportunidad de unir nuestras penas a su propio dolor. 
Para hacerlo, es importante que vivamos en comunidad el Vía Crucis y los oficios. 
En la cuarta estación de este camino al monte Calvario Jesús se encontrará con su Madre. Si grande es la injusticia de condenar al más inocente; si grande ha sido ya el dolor de los azotes; si insoportable es el peso de la cruz para un hombre ajusticiado brutalmente... ¡¿qué diremos del dolor de su santísima Madre?! ¿Qué debió sentir al mirarle a los ojos y, desfigurado, apenas poder reconocerle? ¡Cómo vemos aquí su corazón traspasado por la espada, antes incluso de que el Corazón de su Hijo sea traspasado por la lanza!
También Jesús, el nazareno, el hombre Hijo del hombre, debió sentir una gran tristeza al ver a su Madre sufriendo.
No pasará mucho tiempo antes de que Jesús esté clavado en la Cruz. Y allí estará de nuevo María, a sus pies. Y junto a ellos San Juan, el discípulo más joven, el único que es más fuerte que sus miedos. De Él procede ese precioso testimonio en primera persona que nos conforta en la fe, que nos hace revivir con lágrimas en los ojos el momento en que la historia cambió. Y nos dice: "uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante le brotó sangre y agua. Y el que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero; y él sabe que dice verdad, para que vosotros también creáis". 
¿Qué podemos hacer o decir nosotros? (...)
No podemos decir nada. Lo que nos corresponde es el silencio y la fe.
No podemos hacer nada más que contemplar estupefactos el dolor y entender que todo es por Amor a nosotros.
"Nadie tiene amor más grande que aquel que da la vida por sus amigos" - había dicho hacía unas pocas horas. Y, como siempre, sus Palabras van seguidas de su vida y su testimonio. Jesús va por delante en este amor de entrega; María le sigue hasta los pies de la Cruz. Que seamos también nosotros como el apóstol San Juan y como las mujeres que la acompañaron. No seamos cobardes para manifestar nuestro ser cristiano en todo momento y en todo lugar.
Si alguna vez hemos negado a Jesucristo como San Pedro, arrepintámonos y convirtámonos en sus apóstoles.
Si alguna vez le hemos traicionado con Judas, no nos alejemos de Él, sino con todo nuestro dolor pidamos perdón.
Porque el Amor de Dios ha sido derramado de este modo para que comprendamos que no tiene límites. Que si ciertamente nosotros solos no podemos hacer nada para reparar nuestros pecados, su misericordia es infinita y Él es capaz de obtener bienes incluso de nuestros males.
Con estos sentimientos acabará todo a las tres de la tarde. En los oficios no celebraremos la eucaristía; es la hora de la oscuridad y del silencio. La hora de la muerte y del entierro.
Nuestro mejor testimonio público es ese día acompañar las procesiones con el máximo respeto y silencio.

Fijémonos en este gran misterio: del mayor mal moral del mundo - la muerte del Hijo Único de Dios como si fuera un malhechor - obtuvimos el mayor bien - la salvación. Igualmente, a los pies de la Cruz, del dolor más grande de María, el Salvador nos ganó un beneficio inmenso cuando pronunció aquel:"Hijo, ahí tienes a tu madre". Con aquellas palabras quiso compartir con nosotros su mayor tesoro en la Tierra, y quiso hacer de Nuestra Señora la madre de todos los hombres.
¡Recibámosla en nuestra casa! ¡Que su Soledad no sea tal, sino que nos dejemos acompañar por ella en estas horas de tinieblas! ¡Pongamos debajo de su manto todas nuestras preocupaciones en esa procesión de silencio y de profundidad espiritual! 
Es un día triste, es verdad. Pero, no obstante, junto a su imagen tenemos que ser como Ella: guardar todo esto en nuestro corazón para disponernos a vivir con esperanza la Resurrección. Este es el sentido del Sábado Santo: es el invierno antes de la primavera; es el pecado del hombre antes de que la Gracia de Dios y la Providencia lo inunden todo de nuevo.
Seamos como Juan a los pies de la Cruz, acompañando a María, y vayamos con ella después a vivir este duelo que se nutre de la esperanza, sabiendo que el mal no puede tener la última palabra. Porque, como recogerá el mismo discípulo amado en el Apocalipsis, aquel que ya está sentado en el trono de Dios nos dice: "He aquí, yo hago nuevas todas las cosas" (Ap 21,5).


Vigilia Pascual y Domingo de Resurrección
Si tuviéramos que condensar la vida cristiana en un solo momento, en una sola experiencia, en un solo día... ese sería el de la Vigilia Pascual. Es nuestra gran fiesta y se merece que la preparemos y la vivamos con la máxima intensidad.
¡Con cuánto tiempo y cuánto esmero preparamos una boda, por ejemplo! ¡Cómo hacemos grandes preparativos para la Nochebuena, ¿verdad?!
Pues en esta noche Santa no debemos escatimar, porque en ella celebramos el hecho más trascendente de nuestra historia y de nuestras vidas, lo que cambió todo y dio sentido a todo. Porque, como dice San Pablo, "si Jesucristo no hubiera resucitado, vana sería nuestra fe". Es decir, de nada nos serviría y poco valor tendría. Ser cristiano sería algo anecdótico, y nos daría igual vivir como si Dios no existiera.
Pero, sin embargo, es justo lo contrario. La Resurrección de Jesús debe ser y es la fuente de toda nuestra esperanza, de toda nuestra alegría; la fuente de nuestra fe y la causa de nuestra victoria.
Nosotros tenemos la gran suerte de haber nacido en este "tiempo final" en el que la Redención ya ha llegado: por su muerte y su resurrección hemos sido rescatados. Pero tenemos que ponernos en la situación de los apóstoles durante aquellos dos días en los que parecía que todo había sido un sueño, que todo estaba perdido.  ¡Y cuál fue su alegría cuando recibieron la visita del Maestro una vez resucitado!
Esa es la alegría que nos ha de invadir en la noche pascual. Para ello, recordamos no sólo aquel instante, sino toda la historia de la salvación. Y es que no podemos entender el mensaje del Resucitado si no lo ponemos en el contexto que se merece. Por eso empezamos desde la creación y el primer pecado del hombre, narrados en el Génesis, y continuamos con los momentos clave de la trayectoria del pueblo de Israel. Contemplemos la pedagogía divina, la revelación progresiva de Dios a la humanidad, que llega a su plenitud con este Dios-amigo, Dios hecho hombre que nos enseña, nos elige como discípulos y ha muerto por nosotros. Y ya nunca más estaremos perdidos, nunca más nos dejará solos. ¡Es de aquí de donde procede nuestro gozo!
Escucharemos con alegría el relato del sepulcro vacío, el testimonio de las mujeres y el de los soldados. Y veremos al mismo Jesús que nos llama por nuestro nombre como hizo con la Magdalena: "¡María!" - "Adonai". Nada nos podrá separar ya de nuestro maestro, ni el peligro, ni la espada, ni la enfermedad, ni la muerte....

Hagamos de esta noche una verdadera fiesta. Celebremos y disfrutemos que estamos salvados, ayudados de la rica simbología de la celebración litúrgica. Primero la luz de Cristo, que ilumine nuestras vidas. Después el agua y el Espíritu, que nos vuelvan a renovar, recordando nuestras promesas bautismales. Que volvamos a ser de Cristo y que prometamos nuevamente vivir según sus criterios y no los nuestros. También los óleos sagrados, que nos recuerdan que la batalla no es fácil, pero que con Jesús a nuestro lado no tenemos nada que temer. Y, finalmente, el don de la eucaristía. ¡Es Jesús mismo, Jesús resucitado, el que se vuelve a hacer presente con una fuerza renovada en medio de nosotros! Como hizo aquel día en Jerusalén, no importa que las puertas estén cerradas si nosotros se las abrimos con los ojos de la fe.
Todo debe acompañar en la Vigilia para que la celebración sea auténtica. Por eso cuidamos de manera especial la liturgia, los cantos, los símbolos, las velas... y el Señor se alegra de vernos a todos. ¡Qué bonito sería que ningún miembro de la comunidad tuviera que faltar a esta celebración! Porque estamos anticipando ya la última venida de Cristo, cuando el pecado y la muerte serán definitivamente derrotados.

Y finalmente, amigos, llegaremos al Domingo de Resurrección. Otra vez de manos de María. La virgen va al encuentro de su hijo triunfante. Verdaderamente tuvo que ser un espectáculo de gozo aquel momento que quiso Dios mantener en privado del encuentro de Jesús Resucitado con su Madre. No sabemos cuándo ni dónde tuvo lugar, si en el Corazón de la Madre cuando su esperanza fuera colmada por el testimonio de los discípulos, o si en primera persona, o si a través de un ángel como ocurriera en la Anunciación.
De lo que sí podemos estar seguros es que María pudo contemplar la Victoria de su hijo y vio cumplidas todas las promesas:
"Será grande y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de su padre David; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin". Y desde entonces ella misma también es Reina el Cielo y ha querido Dios que intervenga en la Iglesia a lo largo de los siglos. Sus consejos (otra vez Fátima) son propios de esta Madre que nos cuida y que reina ya en los cielos, y que nos invita a pensar más en la vida eterna y en sus beneficios que en nuestras pequeñas cosas.

Porque Él ha resucitado, todo ha cambiado: no creemos que haya muertos ni muerte: que ésta se ha convertido en principio de vida que no termina. Y el dolor, que no deja de serlo para nosotros, pero se convierte en gracia y la alegría es ya "de la de verdad", la que no desilusiona ni cansa porque Él es su garantía.
¡Esta es la buena noticia, el Evangelio mismo! ¡Y por eso es oportuno sacar el encuentro a las calles! Y no olvidemos pues, que uno de los principales retos que debe marcarse una Hermandad o Cofradía, que nos debemos marcar como cristianos, es el de “Evangelizar”. La alegría pascual tiene que ser el motor que nos anime a seguir trabajando por el Reino de Dios durante todo el curso. Tenemos que unir todas estas celebraciones y procesiones con las actividades de todo el año; se nos ofrece la oportunidad de trabajar para hacer un poco mejor el mundo que nos rodea, formar a nuestros jóvenes, trabajar con enfermos, ayudar allí donde nos necesiten, esta es la única forma de mantener viva la llama que cada Vigilia Pascual nos anuncia la Resurrección de Cristo.

Domingo in albis. 
Pero, todavía nos queda un evento importante que pone el colofón a esta Semana Santa . Me refiero al Domingo in albis, que se celebra en la octava de Pascua. Es el Día de la Misericordia.
No hay mejor manera, amigos, de extender y al mismo tiempo terminar la Semana Santa porque este día, el "Domingo in albis" hace referencia a las vestiduras blancas que utilizaban los neófitos que habían sido bautizados en la Vigilia Pascual. Ellos se volvían a poner estas albas simbolizando la prolongación en sí mismos de las fiestas pascuales, con la intención de permanecer fieles a todo lo celebrado.
Renovados también nosotros, en nuestra vida de bautizados, por la celebración de los misterios pascuales, escuchemos esta invitación.
No estamos solos en esta nueva vida que hemos abrazado. La Iglesia nos guía, acompaña y alimenta.

Seamos verdaderos testigos de la Resurrección de Cristo y de su victoria sobre el mundo. 

25.12.16

Feliz NaVIDAd, Feliz Vida 2016.

Otra vez Navidad. Este año se ha pasado volando...
Es momento de celebrar la Vida. La n-Vida. Nuestra vida. La de cada uno.
¡Feliz Navidad! - nos deseamos, y es verdad.
La Verdad más importante: que la vida merece la pena.
A pesar de todo.

Es tiempo de carne y sangre. Del Verbo encarnado.
"Este es mi cuerpo, esta es mi sangre".
Un bebé recién nacido, un parto virginal.
Una placenta que ha alimentado al Hijo del Dios Vivo.
Una nueva vida que es muy especial, que une el cielo y la tierra.
Un cuerpecito que nace, como todos, cubierto de sangre.
La misma sangre que hoy nace será derramada por nosotros.



Hoy nace escondida, en la soledad de un pueblecito;
en el silencio de la noche.
Mañana morirá en la ciudad santa, en la capital del reino,
a la vista de todos, en pleno día.
Hoy el que es Luz brilla en las tinieblas,
en un humilde pesebre
bajo la luna nueva un resplandor alumbra.
En nada, el que es Luz será despreciado de los suyos,
"vino a ellos, y le rechazaron"
y el mundo se cubrirá de sombras,
una gran oscuridad se cernirá sobre la Tierra.

Pero estos mismos ángeles que hoy anuncian
a los pastores la Buenanueva
-  esa gran alegría en los cielos -
aparecerán en el huerto mañana
para preguntar a las mujeres,
"¿por qué buscáis entre los muertos
al que está Vivo?".

Así que esta es la Vida que hoy nos nace,
una Vida que no acaba.
Una Vida completamente nueva.
Una que nos recuerda que merece la pena.
Que vivir no es solo un sueño,
ni el Amor una locura,
que el dolor no triunfa sobre la esperanza verdadera.

¿Y a nosotros? ¿Qué nos queda?
La alegría de esta historia
que hoy comienza.
El gozo de un Amor
que hoy nos llena.
La paz de aquel que se sabe
amado para la entrega.

¡Feliz Navidad!

24.6.16

"SUSTO o MUERTE": el votante católico ante las elecciones del 26J.

Hoy ha sido un día dedicado al jardín: nada mejor que una actividad relajante-pero-productiva para la jornada de reflexión. Y, aunque se ha hecho un poco tarde, he cosechado entre col y col unas cuantas buenas reflexiones, que de eso se trata.

Me pregunto: ¿qué es lo mejor o lo peor que puede pasar mañana? El panorama político ha cambiado tanto desde las últimas elecciones generales que la sensación de inseguridad - Brexit aparte - ha alcanzado cotas más elevadas que en los 20 años que llevo votando a nuestros representantes. Todo parece incierto, a pesar de tratarse de una 'mera repetición' de las elecciones de hace seis meses.
Nos han asustado mediáticamente con el sor-paso, con la desintegración del bipartidismo, etc.




Pero siendo realistas, veo dos opciones en general con un factor clave: da igual quién "gane" las elecciones porque aquí lo importante será formar gobierno. En este sentido encuentro dos alternativas probables:

1 - Que gane el PP y gobierne con C's (o remotamente con la abstención del PSOE). Para ello lo más plausible es que sumen, pacten y Rajoy no sea presidente, sino... ¿Soraya? Sin duda sería un pelotazo "progresista", con la primera presidenta del gobierno. Este es un as que tienen en la manga.

2 - Que gane la izquierda, con una suma de la coalición PSOE-C's lo suficientemente fuerte como para gobernar con la abstención de PODEMOS o incluso para que el PP se vea obligado a dejarles gobernar (al menos durante unos meses).
En este caso el nuevo presidente del gobierno sería Pedro Sánchez.

¿Que por qué no digo nada de PODEMOS? Pues porque no les veo gobernando en ningún caso. Una cosa es ser muy mediáticos, triunfar en las encuestas de Twitter (que ya hemos visto cómo fallan más que una escopeta de feria) y otra cosa es tener que pactar con un PSOE que sabe que sería un suicidio colectivo. ¿PSOE con PODEMOS e IZQUIERDA UNIDA haciendo políticas conjuntas? Si son demasiado radicales, los votantes socialistas más moderados empezarán a protestar (pensad en Fernández Vara, por ejemplo, que está sufriendo en sus carnes los despropósitos podemitas en Extremadura). Y si son políticas demasiado moderadas, los círculos y las bases comunistas empezarán a protestar. En definitiva: sería algo así como ha pasado en Cataluña con las CUP. No lo veo viable.

La única opción de que el joven pirata 'Les Churches' sea presidente es con mayoría absoluta, o pactando con C's con el rollo de la regeneración política (repartiendo sillones, vaya). Es decir, que PODEMOS y PP están en situaciones muy similares, en realidad.

Hecho este análisis, por tanto, tenemos dos futuribles: un gobierno continuista del PP o un gobierno reformista del PSOE, en ambos casos 'fiscalizados' por la supuesta sensatez de C's.

A primera vista parecería que la cosa "no está tan mal" desde el punto de vista de un católico moderado como yo. Sin embargo, la situación creo que es muy preocupante para los cristianos comprometidos, y voy a tratar de explicar por qué.

> En las pasadas elecciones el Partido Popular centró su campaña electoral en la política económica. No es nada nuevo, ciertamente. Pero sabía que en esta ocasión había un fantasma planeando las conciencias de sus votantes: su incapacidad para mantener el compromiso de supresión de la Ley del Aborto, así como otras normas que constituyen el legado de ZP.
Da la sensación de que "los mejores" terminan abandonando el PP por la puerta de atrás, topándose una y otra vez con lo "políticamente correcto".

> El resultado: algo así como 3.000.000 de votantes del PP en 2011 que decidimos negarles el voto a modo de castigo. Por supuesto que no estoy diciendo que todos esos votos sean de católicos comprometidos asqueados por la "amoralidad" del gobierno de Rajoy, no. Pero es difícil valorar, en todo caso, los motivos. El caso es que la corrupción, la falta de coherencia, el discurso únicamente económico... hizo que muchos, muchos españoles dejaran de sentirse representados por el PP. Y entre ellos los católicos que llevamos años y años escuchando hablar del "voto útil".

> Albert Rivera con Ciudadanos, sin duda, recogió muchos de esos votos. Un voto moderado, constitucional, sensato. Pero su pacto con el PSOE ha hecho desmoronarse las esperanzas de aquellos que querían ver en C's al "nuevo partido popular".

> PSOE, PODEMOS y el resto de fuerzas con representación parlamentaria vienen a todo menos a pensar en la voluntad de Dios. Los comunistas se manifiestan claramente beligerantes con las manifestaciones públicas de la fe, con la enseñanza concertada, la Religión en las aulas, etc.etc.etc.

En conclusión: el panorama es este. (1) O seguir sirviendo de apoyo a un gobierno cada vez más secularizado e indiferente a la moral y la ética cristiana, con leyes que no fomentan la vida, la familia,  el matrimonio hombre-mujer, el cuidado de la naturaleza, la fraternidad, la libre enseñanza... y todo aquello que consideraríamos democristiano, o (2) sufrir un nuevo gobierno al estilo de ZP, que lleve aún más lejos este tipo de políticas de relativismo moral, igualdad por la bajeza y acoso y derribo al hecho religioso.

¿Existe una alternativa? Sí.

> La CEE nos ha venido repitiendo por activa y por pasiva que no debemos votar aquello que, en conciencia, no cuadra con el planteamiento cristiano de la vida y de la sociedad. Hace nada lo recordaba el obispo José Ignacio Munilla, experto en moral y en doctrina social de la Iglesia.

> Siempre ha habido partidos minoritarios con programa católico: Falange, AES, PUM+J...

> El problema de estos partidos es que no han obtenido nunca representación parlamentaria, y esta es la pescadilla que se muerde la cola.

> A día de hoy VOX es la alternativa para el voto católico en casi toda España, siempre y cuando la orientación previa del voto sea conservadora ("de derechas", si queréis).

¿Y por qué los católicos deberían votar a VOX en lugar de al PP?

Pues por varios motivos. Primero porque no hacerlo es dar la razón a los que retiraron la iniciativa de derogación de la ley del aborto: "no hace falta representar a los católicos, seguirán votando al PP como mal menor". En definitiva, la religión dejará de influir en el panorama político; nunca hará falta mencionarla, ni pensar en sus principios, ni que trascienda en la vida parlamentaria.

En segundo lugar, porque difícilmente un católico comprometido puede estar contento con un gobierno que mantiene las leyes del divorcio exprés, del cambio de sexo en menores,... un gobierno que mantiene situaciones de discriminación a los colegios concertados y los profesores de religión, de inacción ante los asaltos a las capillas universitarias, de falta de ayudas a la natalidad, de programas de educación afectiva y sexual estatales que reparten preservativos a modo de "conclusión", de calendarios de fiestas que van suprimiendo solemnidades católicas, etc.etc.

En tercer lugar, porque los pocos que hemos dado un paso adelante para tratar de fundar un partido que nos represente ¡también necesitamos ánimos! :D

Y, por último, porque el voto a VOX también es un voto útil (al menos en la circunscripción de Badajoz). Lo que hace es poner más caros los escaños, y eso es algo que acaba beneficiando a los partidos más votados (en las últimas elecciones, PP).

Por todo lo anterior yo creo en un voto en conciencia, un voto católico, un voto útil para que con el tiempo podamos estar representados. Un voto de esperanza. Un voto a VOX.

12.5.16

Por qué fe y razón son compatibles: la paradoja de la paradoja (II).

Hace ya casi una década me atreví a publicar en este blog una justificación sobre la compatibilidad de fe y razón. Releyendo la entrada - por motivos que no vienen al caso - me parece ahora que mi exposición fue bastante enrevesada, si no torpe. Así que ¡voy a intentarlo de nuevo con algunos años más de práctica en el oficio!

Lo que pretendo exponer es la tesis de que la supuesta oposición entre fe y razón no está justificada. En general, tal y como decía en la entrada original, "se entiende por razón o racionalismo a la búsqueda de la verdad mediante el pensamiento lógico a partir de realidades contingentes (...), mientras que la fe sería la aceptación de creencias o principios que no pueden ser demostrados ni refutados" empíricamente. Tras esta concepción está la influencia del filósofo David Hume , que fue quizá el primero en plantear (con permiso de un vago nominalismo medieval) que "sólo existen las impresiones sobre los sentidos, que forman las ideas", sin que podamos aceptar una metafísica que sustente otras realidades ajenas a nuestras percepciones.

La idea es buena, aunque rápidamente generó en una corriente conocida como materialismo (la materia es la que condiciona lo que somos y lo que pensamos) y este materialismo en un cientifismo ateo (puesto que las realidades trascendentes no son materiales).

Pero el problema es que la ciencia es sólo una parte del conocimiento. El método científico, sustentado por la razón, se basa en una metafísica "de las costumbres" que diría Descartes. Pero no investiga los principios universales per sé, sino su existencia como fenómeno y sus características. Sabemos que existe la gravedad, podemos intentar explicarla, cambiar el modelo de ley (del éter de Newton a la deformación del espacio-tiempo de Einstein) pero lo que nunca se cuestionará la ciencia es por qué esta realidad y no otra. ¿Por qué dos cuerpos se atraen en lugar de repelerse? ¿Por qué existen dos polos magnéticos y no cuatro? Etcétera.

Se podrá argumentar que aún así, donde no llega el conocimiento científico, sí que puede hacerlo la Filosofía. Sin embargo, después de miles de años de historia, aún no existe un planteamiento filosófico que logre explicar mediante la razón todas las cosas. De hecho, al saberse limitada, esta disciplina derivó en los dos últimos siglos hacia corrientes de otro tipo, lejos de la metafísica, como en el caso del Marxismo. Es famosa la cita de Marx: "Hasta ahora la filosofía ha tratado de comprender el mundo, ahora es hora de que lo transforme". Es decir, que ni el pragmatismo, ni el nihilismo, ni el vitalismo, ni ninguna otra corriente de pensamiento presenta unos principios antropológicos claros que anulen la posibilidad de una fe cristiana. Dicho de otro modo: la sola razón no basta para justificar los principios racionales por los que uno necesariamente opta. Y si la fe fuera incompatible con la razón, la razón debería poder demostrarlo de un modo irrefutable.

Porque, en definitiva, de lo que se trata es de que la fe es algo razonable. Si la fe negara la razón cualquier fe sería válida. Recientemente me acusaron de proponer la "inversión de la carga de la prueba", algo así como "Los dragones existen, sino es así ¡demuéstralo!". Efectivamente, si cualquier fe es válida pueda sin estar escrutada por la razón uno podría creen en dragones, magia, duendes o unicornios sin darse cuenta de su error.

Pero el error de este argumento, que es a su vez la justificación de este artículo es el hecho de que la fe cristiana se basa en la revelación de Dios. Entonces, si el hombre sobre la faz del planeta Tierra ha recibido - o cree recibir - un mensaje de revelación de parte de Dios... hay que tamizar este supuesto con la fuerza de la razón. Dicho de otro modo: la sola fe no basta para justificarse.

Es aquí donde aporto mi argumentación. Dios se ha querido revelar pero no de un modo completo y definitivo, irrefutable. ¿Por qué? Pues porque nos quiere libres. Es la libertad la que justifica el hecho de que la revelación sea incompleta, un "sí, pero todavía no".

Dios se revela mediante el dominio y la negación transitoria de sus propias leyes, demostrando así que ha sido Él no sólo quien las ha creado sino quien las sostiene. En su máximo exponente esta manifestación divina termina así:

Un hombre crucificado y, una vez muerto, atravesado por una lanza romana, no puede estar a los dos días paseando y comiendo pescado como si tal cosa. ¡Es algo que "no puede ser"! Claro, no puede ser... a menos que sea el mismo Dios el que está detrás. 

Así es como la razón remite a la fe. La razón sustenta la fe, desde el hecho de lo imposible, de lo irracional, del ser testigos de una realidad trascendente. A partir de ahí el hilo es el del testimonio y la tradición. Cada uno de nosotros somos perfectamente libres de creer o no creer (otro misterio, que aún está por ser probado o refutado mediante la razón).

Si no fuera así, si Dios no nos hubiera dado las dos alas, la de la fe y la de la razón, nuestra vida sería mucho más insípida, quizá.



8.1.16

Las llamadas "Reinas magas", el activismo ateo y nuestras tradiciones más queridas.

Este año he tenido que explicarle a mi hija de nueve años que hay padres que no creen en los Reyes Magos. Simplemente, han decidido no escribirles ninguna carta o no echarla al buzón. Se creen autosuficientes (de hecho dicen que las ventas navideñas de este año han sido espectaculares). Pero lo más increíble de todo es que prefieren ser ellos quienes compran los regalos y directamente se los dan a sus hijos, con todas las consecuencias.

Por supuesto que están en su derecho, ¡vivimos en el siglo XXI! Pero yo también tengo derecho a seguir creyendo en que SS. MM. no solo existen sino que actúan cada noche del cinco al seis de enero alimentando una tradición católica llena de magia y de ilusión. Estos sabios que un día adoraron al Niño de Belén, que según los evangelios siguieron una estrella contra todo pronóstico (y demostraron así que cualquiera que le busque con sincero corazón lo encontrará) y que fueron tan generosos... nos enseñan a ser generosos y a celebrar que "el que no se hace como un niño no puede entrar en el reino de los cielos". En el fondo, es una fiesta que pone de manifiesto y enseña a todos - niños y mayores - que hay más dicha en dar que en recibir. Es una celebración de la generosidad y de la fe. Y, sin embargo, hay gente que vive sin pizca de fe...

Pues bien, esos adultos que no encuentran ningún sentido trascendente al día 6 de enero, Epifanía de Nuestro Señor, han decidido este año tomar otros modelos:


"Otras" modelos en realidad, y a la vista está. El parecido de estas supuestas "reinas magas" con las brujas de Salem es tanto que hasta asusta. Pareciera que o lo han hecho a propósito o el destino ha querido jugarles una mala pasada haciéndoles el hazmereir de las redes sociales.

¿Es que se pueden confundir de tal manera las tradiciones con las ideas políticas o activistas? ¿Qué será lo siguiente? ¿Qué otros personajes de la historia tenemos que cambiar de género para lograr la paridad? ¡No sólo es absurdo sino que violenta nuestras tradiciones! ¡Basta ya! ¡Un poco de respeto a los católicos españoles, que se nos llena la boca al hablar de nuestra diversidad y de las identidades de cada uno...excepto en el caso de los creyentes!

Yo entiendo que no es fácil vivir en un país de tradición católica cuando uno es ateo militante (porque los agnósticos suelen ser mucho más razonables). Es duro: no ir a trabajar en función del calendario cristiano - empezando por los domingos y fiestas de guardar y pasando por Navidad, Carnaval, Semana Santa, San Isidrod, Santa María de agosto, día del Pilar, y miles de fiestas patronales en los pueblos de esta piel de toro -, sufrir los cortes de tráfico en las manifestaciones populares de fe  como las procesiones, las cabalgatas o las misas multitudinarias en lugares públicos, o escuchar en las noticias las ideas cristianas - las declaraciones de los obispos, o las reivindicaciones de la escuela católica concertada -, o tener que acudir a las bodas, bautizos y comuniones cristianas, etc. etc. Pero, ¡amigos!, es lo que tiene haber nacido o vivir en un país como el nuestro. Porque, que no se os olvide, somos los cristianos los que tenemos muchas cosas que celebrar

Que yo sepa, a nadie se le obliga a reunirse con la familia, ni a ir a la cabalgata de Reyes... como a nadie se obliga a ir a misa o a hacer la primera comunión. Es elección de cada uno, y en todo caso de los padres.

Así que el que quiera hacer una calendario alternativo que lo haga. El que tenga motivos para celebrar otras cosas que las celebre y que las proponga... si considera que al conjunto de la sociedad le puede convencer el cambio. Mientras tanto, por favor, un poco de sentido común y de respeto hacia nuestras tradiciones. 

3.1.16

Navidades pasadas por Whatsapp

Estamos inmersos de lleno en la "era guasap" hasta el punto de que estas navidades ni siquiera hemos enviado christmas. Pero no quiero dejar de bloguear una de las dos conversaciones más interesantes que he mantenido tras enviar este mensaje de felicitación a mis contactos:

[25/12/2015, 18:21]  Daniel escribió:

He de reconocer que esta Navidad es especial para mí... porque me doy cuenta de que en los últimos años he perdido la fe. Ya no creo en la bondad del ser humano: demasiadas guerras en una orilla y demasiada indiferencia en la otra🌊🙈.
Ya no creo en que sea posible construir la paz, cuando cuatro violentos pueden sembrar el pánico en cualquier parte💥🗼.
Además he perdido dolorosamente la fe en la educación,  en la política e incluso en los lazos de sangre. 🌐🎎
Me pregunto: ¿Qué sentido tiene hablar de progreso o de bienestar económico mientras el planeta se resiente? ¿Por qué nos hemos convertido en consumidores en vez de en ciudadanos de un mundo mejor? 🌍
Poca cosa me queda: sólo el amor de los más cercanos, a la espera de que no nos sea cercenado demasiado pronto por las zarpas de la hermana muerte. 💝 💀
Y en mitad de esta vorágine de pensamientos llegan estas "Felices Fiestas"❄ 🎄, con sus luces LED frías y sus regalos superficiales 🎁, esos de los que uno ya no sabe ni qué regalar ......Será porque son las primeras navidades con luna llena desde 1977, el año en que nací. Será la nostalgia de los que nos dejaron o de aquellas veces en las que sí creí. El caso es que Dios ha vuelto a nacer y me cogió desprevenido. Pero precisamente por eso necesito entender el porqué. ¿Por qué Él sí que cree en nosotros? ¿Para qué molestarse en salvar a esta pobre condición?  ¿De verdad mereció la pena intervenir en nuestra triste historia?
"Es que Dios se ha enamorado. Es una locura de Amor". Y necesito más que nunca mirar a los hombres como Dios los mira. Encontrar la bondad que aún existe en el fondo de su corazón ♥. Aprender a apreciar lo bueno, lo bello, lo que da sentido a nuestra vida. Y dar de nuevo el paso hacia adelante buscando el bien de los demás, más allá de los sufrimientos, de la indiferencia o del rencor. Volver a beber de Su apuesta por las únicas criaturas capaces de amar y de reconocer el Misterio que nos trasciende y que se esconde en este pequeño Niño de Belén. Él se hizo pequeño y nos demostró que sí se puede, que no todo está perdido.
Que su Gracia nos ayude y nos siga bendiciendo.🙏🏻 Feliz Navidad.🎇


+ Primooo!! Un abrazo muy especial para ti desde la distancia física, sólo accidental. Espero que sea leve la ausencia. Muchísimas gracias por tu labor, nos sentimos orgullosos. Bravo!!  Nos vemos a la vuelta. D.

Mi primo Carlos está en Irak. Lo han destinado allí en una misión de seis meses justo ahora en diciembre. De ahí el añadido final. Su respuesta ha sido absolutamente elocuente:


[26/12/2015, 03:16] Carlos Méndez Cruz:
Querido Primo, son muchas las similitudes que encuentro en lo que me as mandado cuando recapacito pensando lo que he vivido estando aquí. A pesar de mi escaso tiempo en estas tierras donde la vida poco vale y los hombre matan en el nombre d Dios. Ese hecho en concreto me quedó impresionado, blanco, sin palabras; cuando lo vi en persona por primera vez. ¿Qué tipo de fe es esa? ¿Cómo puede de ser que solo con sangre se limpie el nombre de Dios?...Ya me cuesta a mi escribir en una misma frase estas dos palabras, cuánto más el ver como las llevan a cabo en una acción a manos de hombres que justifican con su fe lo que te cuento. Éstas son las tierras en las que el hijo de Dios nació y vivió, y su pueblo sigue siendo este que ahora vive en guerra. ¡Vaya mundo este Dani! Me he instruido durante medio año para llegar aquí y tras horas infinitas de instrucción, teóricas, estudio del mundo árabe, conferencias de analistas especializados en lo que ocurre a nivel mundial, cursos de primeros auxilios e intervención en zonas d guerra, sesiones d tiro y mas tiro, explosivos, IED,s ...etc..etc...etc..Llego aquí..y nunca me he sentido mas desprotegido.

Nuestra labor no es fácil y tomar decisiones aquí es vital...Pero cuidare de las personas que sufren esta guerra; mujeres,hombres y niños que no quieren vivir así y rezan a Dios por que se acabe. Los políticos los llaman "daños colaterales"; yo creo que son los verdaderos creyentes, porque a pesar d haberlo perdido casi todo incluso a seres queridos...siguen creyendo en Dios.

No sé si te es de ayuda lo que te cuento para subir tu fe y así responder a tus dudas...pero creo sinceramente que en este mundo hasta soldados como yo, que combaten a DAES y se comprometen a pelear para liberar al mundo de estos desgraciados...buscan en su fe el perdón de Dios. Y esperan encontrar en su interior esa confianza y tranquilad que tan fácilmente se pierde en esta Tierra en la que el hombre hace Guerra en vez de Unión.

[26/12/2015, 03:16] Carlos M.C. Os llevo conmigo y valorad la suerte que tenemos por vivir donde vivimos y tener entre comillas "Paz".

Abrazos a Gema y a los Niños, a María y Clara, Juanra, Eva y los pequeños, Nieves...Nos veremos, Dani. Atentamente...Tu primo Carlos.

30.11.15

Fernando Savater, "apologeta" de Educación para la Ciudadanía de ZP.

Acabo de leer con asombro la última columna de opinión de Fernado Saveter en ElPaís, el periódico socialista de tirada nacional más leído en España.

Vaya por delante que no me extraña encontrar en este diario una opinión tan reaccionaria como la que se vierte en contra de la asignatura de Religión, pero tenía en gran estima a este 'filósofo' de nuestro tiempo. Creo que ha aportado luz en determinados momentos de confusión en nuestro país - especialmente en el caso de la argumentación en contra del terrorismo etarra - y precisamente por eso me sorprende el desparpajo con el que desprecia el fondo del debate: ¿qué significa que el estado sea aconfesional? Y, por otro lado, ¿tiene sentido mantener los acuerdos con la Santa Sede?

Savater pretende resolver el problema diciendo claramente: "Supongamos que “aconfesional” no sea un eufemismo por “laico”, que es como lo suele entender la gente bienintencionada". Es decir, que los padres de la constitución española, aquellos que hicieron el gran esfuerzo durante la transición de tratar de poner de acuerdo a las dos españas, ¿no fueron todos bienintencionados? ¿Querían decir en realidad "laico" pero se quedaron en un eufemismo? ¿Todos ellos?

Discupe Ud., señor Savater, pero NO. Ni me lo creo ni considero que su opinión sea compartida por la mitad española más bienintencionada. Yo nací "ya en democracia", en 1977, no soy nadie y mi opinión no será compartida 10.000 veces en Facebook, pero no tiene usted razón.

Basta ya de esconder intenciones. Aquí de lo que se trata es de "quitar poder a la Iglesia" y de "ahorrarse el debate frente a las ideas cristianas", que resultan incómodas e incluso hirientes en determinados casos, negando la mayor. "Dios no existe" y, por tanto, aquellos que quieran manifestar lo contrario que lo hagan en privado (¡pobrecitos!) pero sin interferir en el debate público, ni en las instituciones ni en la educación. A la mierda con los acuerdos Iglesia-Estado y con todo aquello que vaya en contra de los intereses de este ateísmo militante.

El problema es que para que eso ocurra en España, primero deben terminar de destruir a la españa cristiana militante. No somos muchos, es verdad, pero somos y estamos en todas partes. Y, además, ¡¿qué fue de la libertad de conciencia que esgrime en contra de la religión?! ¿De verdad no se da cuenta de que predica con todo menos con el ejemplo?

No. Tampoco. No me lo creo. Es algo premeditado. Tan premeditado que la alternativa que sugiere es nada más y nada menos que la vuelta a una asignatura "de todos". Una "tan poco sospechosa" como Educación para la Ciudadanía. Sí, aquella impuesta por el gobierno de ZP a todos los españolitos y a la que objetamos más de 50.000.

Es decir, quitemos la religión católica para adoctrinar con una nueva. Es la religión del materialismo agnóstico e intrascendente. Es la filosofía del hedonismo individualista. Es la pseudociencia de la ideología de género. Es la tiranía del relativismo moral. Es la imposición de las ideas socialistas aderezadas con un liberalismo globalizado y atroz.

En definitiva, la misma guerra de siempre. La que termina quemando iglesias y profanando lo sagrado para darse cuenta, finalmente, de que no somos nadie. Y yo no quiero esa guerra otra vez, don Fernando, ni a esos ciudadanos convenientemente adiestrados.


22.10.15

Dios y el pasado

Algo me hace intuir que el argumentario ateo podría emplearse igualmente al concepto de Dios y al del tiempo pasado.

"El pasado no existe".

Y nadie podrá demostrar nunca su existencia con pruebas fehacientes.
En apariencia, viviríamos más libres y más felices si no existiera.
Los historiadores son fundamentalistas, porque la historia nunca se repite.

Falacias.

1.10.15

¿Cómo evangelizar desde la familia?

"La belleza y la alegría son las herramientas más poderosas que tenemos para evangelizar" - Cardenal O´Malley.