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21.2.07

Libertad o determinismo

Nada de certeza tenemos en la existencia humana. Nuestras experiencias nos hacen pensar que disponemos de libre albedrío pero ¿está justificado cree que somos realmente libres? ¿Yo soy yo y mis circunstacias o sólo la consecuencia de mis circunstancias? ¿Juega Dios a los dados? Si no fueramos libres, ¿tendría sentido nuestra vida? ¿podríamos seguir considerándonoes inteligentes?

Voluntad y sensación de libertad.

Llega un momento en la vida en que te das cuenta de que eres capaz de contradecir lo que te ordena mamá. Es un momento muy temprano. Poco a poco, normalmente, terminamos pensando que somos personas libres, con capacidad de elección. La "sensación de libertad" es única y solemos buscarla con determinada frecuencia. Queremos ser libres porque de esa manera nuestras elecciones van conformando un sentido propio a la existencia, nos vamos modificando a nosotros mismos en base a nuestra elección.
Pero, ¿y si sólo es una sensación? ¿Y si, en realidad, no tuviéramos capacidad de elección real?
Creo que hay una cuestión psicológica previa que nos inclina a creer en nuestra propia libertad. Se trata de la experiencia cotidiana de nuestra voluntad. Me recuerdo a mí mismo un día lluvioso esperando a la salida del instituto a que llegaran mis padres interrogándome a cerca del sistema nervioso. Movía mis dedos y trataba de convencerme de que lo hacía "porque yo quiero". "Míra, ves, ahora muevo este dedo porque me da la gana, ahora este otro...". ¿Puedes intentarlo tú? Elige un dedo que quieras mover y muévelo. También se puede mover directamente, " sin pensarlo", sólo enviando la orden a través del sistema nervioso periférico. A esto podemos llamarlo voluntad.
Ahora bien, si me has hecho caso y te has puesto a mover los dedos delante de tu ordenador (¿estará mirando alguién? :D) uno podría fácilmente argumentar: "Estás moviendo los dedos de esa manera simplemente porque has leído la entrada del blog, en caso contrario nunca se te habría ocurrido hacerlo". Probablemente sería cierto y tal vez aquel adolescente movía sus dedos simplemente porque había estado estudiando en clase el sistema nervioso periférico. Entonces... ¿voluntad sí pero libertad no?

El Principio de causalidad.

Antes de continuar quisiera dedicar un momento a uno de los principios tautológicos que asumimos porque no nos queda más remedio. Es el principio de causalidad que argumenta que:
"Toda causa es anterior a su efecto".
Como véis se trata de uno de los pilares del entendimiento humano, muy relacionado con el concepto de tiempo (y la percepción que tenemos del mismo). Nuestro pensamiento racinal nos dice que la explicación a un fenómeno se debe a la relación causa-efecto, siendo las causas las que justifican los efectos. Parece de perogrullo, pero no lo es.
Todas las funciones temporales, entre las que destacan las que corresponden a las leyes físicas, funcionan -en teoría- exactamente igual de bien si se considera el efecto anterior a la causa, es decir, si se invierte la direccionalidad del tiempo. Y ¿quién nos dice que nuestra percepción del tiempo no nos engaña? Hay una novela de ciencia ficción que se basa en esta idea y que propone un mundo donde, por ejemplo, las personas son cada vez más jóvenes y terminan sus días volviendo al seno materno para dividirse en dos... ((perdonamos al autor de la novela, la idea se entiende))

Futuribles.

El siguiente paso, tras asumir el principio de causalidad, es el considerar las posibilidades teóricas de un suceso. ¿Qué efectos posibles tiene cada causa?
Perdonad que el ejemplo sea tan tópico: en una tirada de dados (causa) qué resultados (efecto) son pòsibles.
En una situación real como una partida de parchís los resultados de una tirada podrían ser: 1, 2, 3, 4, 5, 6, tirada inválida (fuera de la mesa, que cae sobre una ficha...) o pérdida del dado. Cada uno de ellos con una o varias consecuencias.
Pero lo que está claso es que el dado está sometido a las leyes de la física que anulan toda una serie de posibilidades que quedan fuera incluso de las teóricas: el dado queda suspendido en el aire, el dado queda en equilibrio apoyado sobre un vértice, el dado queda de cara, el dado se desintegra, etc... Puede incluso que alguna de estas opciones fuera realmente posible, pero si se produjera sería considerado como un acontecimiento milagroso.
A mí me gusta referirme a esta limitación de las posibilidades como el futurible. Los distintos futuros que son realmente posibles, dadas las circunstancias. Por ejemplo, un futurible es que a consecuencia de la pérdida del dado que cae de la mesa mi hermano me acuse de no tomarme en serio el juego y deje de jugar. Lo más probable es que, pase lo que pase en las tiradas de dados, terminemos la partida, uno de nosotros gane y fin. Muchos de los futuribles convergen en causa común para el siguiente suceso. De esta manera se teje un árbol de futuribles donde las ramificaciones son los estados posibles de una cuestión.

La pregunta entonces podría ser: ¿determinan las causas con sus efectos que se produzca inequívocamente uno y sólo uno de los futuribles? Una respuesta afirmativa conduce al camino del determinismo.



Principios que conducen al determinismo.

Si dejamos al margen los prejuicios y tratamos de ser objetivos nos daremos cuenta de la fragilidad del concepto de libertad, pese al sentir propio y la percepción de voluntad.
De hecho, podemos resumir una serie de principios heredados del cientifismo y comúnmente aceptados que a todas luces deberían llevar al determinismo:

· Todo lo que existe es materia y energía que siguen el curso de un devenir temporal.
· La energía no se crea ni se destruye, sólo se transforma. De la materia puede decirse lo mismo.
· La materia y la energía está universalmente sometida a las leyes físicas (que dan lugar a las leyes físico-químicas, las leyes biológicas, etc...).
· Las leyes físicas son inmutables.
· Cualquier fenómeno que no pueda ser explicado por dichas leyes -las excepciones- deben tener una explicación racional a la luz de nuevas leyes o nuevos datos de los que aún no disponemos pero que pueden y deben seguir investigándose.

De esta manera, si tomamos cualquier acontecimiento real y tratamos de formalizarlo sistemáticamente en base a estos principios nos encontraremos inevitablemente con la capacidad de predicción, ya que no existen grados de libertad.
Cierto que este tipo de determinismo explica la "aparente libertad", pero afirma que es mera apariencia. Ahí entran las teorías del caos o de la incertidumbre. En un momento dado, la capacidad de predicción de los acontecimientos futuros está limitada, pero simplemente por la falta de información ya que el "azar" está basado en la imposibilidad de precisar con exactitud matemática la situación actual.
Es largo de explicar - yo tuve el privilegio de estudiarlo en profundidad en aquella materia de "Física no lineal". Pero permitidme que ponga un ejemplo típico y utópico: el lanzamiento de dados.
Caso: si yo lanzo un dado, en el momento en que está en el aire ¿está determinado el resultado o depende de un componente de azar?
Análisis: si tratamos de simular un modelo realista del lanzamiento deberíamos saber con exactitud matemática (no hablo de dos decimales) el peso del dado, las componentes precisas de su movimiento, la geometría de la superficie a la que se dirige, la dinámica de fluídos del aire que atraviesa, etc., etc. pero si dispusiéramos de toda esa información sin duda podríamos predecir el resultado.
Conclusión: La tirada de dados, una vez que se produce, debe tener un sólo resultado posible (un futurible) aunque en la práctica no existan aún medios técnicos que nos permitan conocer cuál es.

Uno podría argumentar que, claro, una vez el dado ha sido arrojado no hay sujeto que pueda ejercer su libertad y todo es una cadena de sucesos, pero que previamente la mano que lo lanzó sí que actuó libremente. Pienso que no es difícil de entender que, sin ningún principio ni indicio que sirva de justificación, la mano se movió como resultado de otra serie anterior de sucesos enlazados por el principio de causalidad: sinápsis nerviosa, biomecánica de los huesos y músculos, intercambios de materia y energía en las células que intervienen, etc., etc., etc.
¿Cómo justificar la libertad del ser humano?

Principios cristianos de la libertad.

El cristianismo no sería absolutamente nada sin la idea del libre albedrío, de la libertad para el bien y para el mal.
¿Por qué puedo considerame libre desde la perspectiva crisitana de la existencia? Pues por una serie de principios diferentes:

· Además de la materia y la energía que podemos explicar mediante las leyes físicas ("todo lo visible") existen otras realidades trascendentes ("todo lo invisible") que pueden interaccionar con éstas de algún modo que, evidentemente, también desconocemos.
· La naturaleza humana no es sólo material - física, sino también espiritual. Dios no ha dotado de una parte de su divinidad por la que participamos de la libertad. A esa parte es a la que llamamos "alma" o "espíritu", litarmente, "lo infundido".
· Además, todo ello es como es con total intencionalidad, ya que toda la obra del Dios Creador está dirigida a esta participación del hombre.

¿Por qué nos atrevemos a confesar semejantes "disparates para la ciencia"? Pues por las evidencias no científicas, sino históricas que validan nuestra creencia.

Cada uno es libre de creer en una opción o en la otra, ¿o no?

Flash::Pensamiento cristiano:: 2

El amor es el único lenguaje que todos entendemos.

Coherencia de vida

¿Qué entendemos por mantener una coherencia de vida? ¿Es importante actuar conforme a lo que pensamos o no? Si no lo hacemos... ¿terminamos pensando como vivimos? ¿Cuál queremos que sea nuestra conducta moral? ¿Debe seguir unos principios determinados?


El ser humano, cuando se siente vivo, busca desde lo más profundo de su alma la verdad, el bien y la felicidad. Desde que nacemos nuestra conciencia se forma a partir de dos realidades: una externa, de hechos y en relación con los demás, y otra interna, de pensamientos y sentimientos propios. Son la conciencia, la inteligencia y la voluntad las que nos van programando como persona y nos arman para enfrentarnos a los acontecimientos vitales, desde los más sencillos hasta los más trascendentales.

Pero nuestro programa de vida no está para nada depurado. Muy al contrario, solemos sufrir grandes desajustes entre lo que pensamos, lo que decimos y lo que hacemos. Negar que esta es nuestra naturaleza sería estar completamente cegado por la autocomplacencia o el conformismo.

De hecho, uno de los pilares sobre los que se desarrolla el pensamiento cristiano es el de la conversión, es decir, la transformación del propio ser en discípulo de Jesucristo, seguidor de su persona y su mensaje. La condición de pecador no es otra cosa que este desajuste entre lo que el cristiano quisiera ser y lo que es. La conversión supone, por tanto, una reprogramación de las propias conductas para ajustarlas a las creencias que el cristiano profesa. Siempre es necesaria porque "nunca uno está del todo convertido" ya que ser cristiano es imitar a Cristo y, si así fuera, el discípulo llegaría a ser como el Maestro, el hombre viviría como perfecto hijo de Dios. Precisamente los santos son aquellos que con una gran humildad y capacidad para reconocerse pecadores han desarrollado una tremenda sensibilidad y profundidad en su conversión. ¿Se nota que hoy es miércoles de ceniza?

Sin embargo, a pesar del ímpetu que el cristianismo ha puesto en la conversión de las conductas morales, me parece que a comienzos del siglo XXI sigue siendo necesario plantearse y reflexionar seriamente a cerca de multitud de cuestiones contemporáneas que pueden poner en entredicho la coherencia vital del cristiano de a pie. Muchas de esas cuestiones tienen que ver con los descubrimientos científicos o con la moralidad permisiva de nuestros días.

Pero lo verdaderamente terrible es la práctica ausencia de búsqueda de coherencia en algunas de las otras corrientes de pensamiento: relativismo, ateísmo, utilitarismo, emotivismo...
¿Qué pasaría si un materialista, edonista y relativista decidiera llevar hasta sus últimas consecuencias sus creencias?

En mi opinión, la búsqueda de la coherencia debe suponer la confrontación de nuestra opción fundamental con toda la realidad que percibimos (la realidad infológica, toda la información de la que dispongo, tal y como la percibo). Mi inteligencia y razonamiento debería servir para reinterpretar cualquier información en base a mi opción cristiana y corroborar que la integridad de mi postura se mantiene. En caso contrario debería plantearme seriamente mi opción, sus consecuencias o sus limitaciones.

¿Qué ocurre si no depuramos nuestras propias creencias, si se pierde la coherencia?
Pues simplemente dos opciones: la farsa (lo que vivo es una mentira o un autoengaño que parcela la realidad en función de mis intereses) o la hipocresía (lo que vivo no corresponde con lo que creo).
De las dos, la hipocresía es sin duda la más interesante. Distinguiría entre el hipócrita que es consciente de su dicotomía y el hipócrita inconsciente, convencido de que lo está actuando del modo correcto. En cualquier caso hay que considerar que en el origen de toda hipocresía está la falta de valor que se concede a la propia creencia.

Termino considerando precisamente el apego a la fe adoptada. Dice J. Ratzinger que "al cristiano que está convencido de su fe y trata de vivirla con coherencia muy fácilmente se le tacha de fundamentalista". La interpretación correcta creo que sería establecer un grado de apego que va desde la absoluta indiferencia hasta el fundamentalismo, pasando por la tibieza y la coherencia sensata. El fundamentalismo supondría adoptar un único principio fundamental negando cualquier otro factor en nuestra conducta. Desde este punto de vista la búsqueda de la coherencia sería mucho más ecuánime.

24.1.07

Flash::Vivir cristiano::1

Los cristianos llamamos "espiritualidad" a una manera de vivir desde la verdad que Dios nos ha revelado y manifestado en Jesucristo. De ahí que, para nosotros, la espiritualidad abarque toda nuestra persona, todas nuestras actividades y todas nuestras relaciones.

15.1.07

La opción del cristianismo

El Cristianismo ha sido la principal influencia ideológica en el mundo occidental y colonial durante casi dos mil años de historia; nadie lo pone en duda. Sin embargo, durante el siglo XX los profundos cambios socioculturales han sustituido el referente de la cristiandad por nuevas ideas y modelos de pensamiento.

La pregunta que quiero plantear en esta entrada es: ¿Se puede ser cristiano hoy en día sin perder la racionalidad? ¿Es razonable seguir siendo cristiano o es algo que pertenece al pasado? ¿Tiene sentido tener fe, creer en el Dios de Jesucristo?

En definitiva, quiero defender mi opción fundamental porque creo que es IGUAL de válida que cualquier otra (sea religiosa o no). Por ejemplo, que el Racionalismo, según el cuál la realidad será exclusivamente aquello a lo que podamos acceder mediante el intelecto.

La primera cuestión a aclarar es que, bajo mi punto de vista, el hombre está sometido al misterio: hay cuestiones que son cruciales y que nunca podremos conocer de primera mano (la causa primera, el porqué de la propia vida, si el amor es una farsa bioquímica, qué hay después de la muerte, etc).

Y para esos misterios LA FE ES IMPRESCINDIBLE. No se puede vivir sin tener fe, sin creer en algo. La supuesta dicotomía entre fe y razón es falsa: lo racional no tiene porqué estar apartado de la fe y viceversa. Simplemente se complementan porque la fe llega donde no puede alcanzar la razón. El hombre no sólo dispone de inteligencia sino también de voluntad y de sentimientos.

Por ejemplo, siguiendo con el tema de la Creación, uno puede optar por la opción "todo se reduce a materia y energía", pero eso no es más que un acto de fe. Sin duda cuando uno dice "la materia y la energía han sido creadas por Dios" está mezclando lo evidente (la materia y la energía sabemos que existen por multitud de evidencias) con lo que no lo es (Dios). Pero no por ello el "todo se reduce..." deja de ser una creencia. Por otra parte, el afirmar "no podemos saber si hay algo más que materia y energía" (Agnosticismo), aunque pretenda alejarse de la decisión de optar no deja de ser una opción en sí misma: ¿por qué crees que no podemos saberlo?

Siempre existen dos razones para hacer las cosas: una buena razón y la verdadera razón.

Lo que suele dejarse al margen resulta que es lo más importante: los MOTIVOS. Si yo soy creyente es porque tengo motivos para serlo (evidentemente). Si hemos decidido en qué creer ha sido porque hemos conocido distintas opciones fundamentales y, bien de manera consciente y razanoda, bien de manera impulsiva o imitativa, hemos optado en función de una serie de motivos que implican nuestra libertad, nuestra voluntad, nuestras experiencias. Creo que una vez dada la opción, con frecuencia en la adolescencia o la juventud, es difícil cambiarla porque, como sabemos, el hombre dispone de potentes mecanismos de autojustificación (o, si se quiere, la fe tiene mecanismos para su refuerzo y autoconsolidación).

¿Cuáles son los motivos que pueden hacer a un hombre optar por el cristianismo?
Pues podría decir que son muchos (la transmisión de la fe en su familia, la convicción de la superioridad de los valores cristianos, las experiencias de oración o reflexión,...) pero trataré de ser sincero.
Mi primer motivo es, sin duda, la imitación de modelos: el cristianismo es la opción fundamental que mejor he conocido desde la infancia; mi vida ha transcurrido en una familia cristiana; las dos únicas alternativas que conocí fueron el ateísmo y el relativismo-agnosticismo reinantes y siempre me enseñaron a nadar contracorriente.
Pero pensar que ese motivo es "el más importante" es demasiado simple. Probablemente es un motivo imprescindible (porque si no lo hubiese conocido de primera mano muy probablemente me hubiera sido presentado de manera muy diferente), pero no suficiente. De hecho, el conocimiento del modelo simplemente implica que, una de dos, o se imita o se rechaza. Y hoy en día parece que hay muchísimos motivos para el rechazo.
No. Mis motivos esenciales son otros, y me quedo con dos.
El fundamental, sin duda, tiene que ver con los sentimientos. Soy un ser racional e inteligente (modestia aparte, no voy a desempolvar ahora los premios) por lo que reconozco que más del 50% de mi persona, de mi ser, de mis decisiones, dependen de los afectos.
Y en determinados momentos vitales, tan real como subjetivamente, mi percepción interior me ha hecho sentir como posible primero y como cierta después la realidad de la presencia de Dios en mi vida. A esto - someramente - es a lo que llamamos los cristianos "tener un encuentro personal con Dios". Sé que es difícil de asumir, pero la única comparación que tengo es la del enamoramiento. ¿¿Cómo explicar a alguien que nunca a estado enamorado/a lo que es el amor?? ¿Cómo justificar o creer que el amor es algo real, que de verdad existe como algo más allá que un conjunto de reacciones químicas?
Evidentemente, eso no es ninguna prueba. La voluntad en los seres humanos no está determinada por pruebas objetivas.
Sin duda, podría estar majareta. Cuando digo que este es mi motivo fundamental estoy obviando la coherencia intrínseca y la solidez de la fe cristiana tal y como nos ha sido transmitida. [...]

Pero todavía falta otro motivo al que personalmente siempre he otorgado una gran credibilidad. Al tratar de dar una explicación racional a la figura de Jesucristo (hombe histórico sin lugar a dudas) y a las consecuencias históricas de su existencia todos los planteamientos me fallan.
Recuerdo que en una ocasión leí un artículo de opinión en un periódico - a raíz de uno de estos descubrimientos arqueológicos de "la tumba de un hermano de Jesús"- que venía a decir que ¿por qué tanto barullo por un judío normal y corriente? Según el articulista, María y José eran tan normalitos que lo más probable es que en el viaje mencionado por los evangelios como la visita a Santa Isabel la virgen hubiese sido violada y que, el buen judío, habría aceptado el vástago por no repudiarla (según la ley judía debía ser apedreada). Incluso llegaba a sugerir que era posible que el Cristo tuviese un hermano gemelo, que se habría encargado de robar "su propio cuerpo" y se habría presentado como mesías resucitado. [¿Habéis visto "El truco final"?]
Hoy sé que es un absurdo tratar de restar veracidad a un texto antiguo tomando como única fuente ese mismo texto, cuando mucho más fácil es simplemente negar su autenticidad; pero entonces no lo sabía. Reconozco que como adolescente me afectó. ¿Y si fuera verdad?
Fue entonces cuando comprendí cuál es el verdadero misterio:
Si Jesucristo fue un fiasco, un loco o un simple mortal iluminado... ¿Cómo es posible que doce hombres de baja clase social, sin conocimientos y sin recursos, seguidores de un profeta ajusticiado transformasen por completo el mundo conocido?
Tal vez alguien sea capaz de explicarlo desde el punto de vista racional. Yo no.

11.12.06

El paradigma: Creación vs. Evolución

Creo que uno de los temas que puede servir de paradigma sobre la importancia de la opción fundamental es el de la creación y/o evolución del universo, de la vida y, por ende, de nosotros mismos.

Si hacemos un breve repaso histórico, las primeras ideas a cerca del origen del mundo fueron siempre mitológicas. Parece que toda civilización y toda cultura trata de dar una respuesta última a la existencia por medio de relatos o "mitos" que hoy comprendemos como algo - evidentemente - inventado por el ser humano para otorgar una explicación artificiosa a la cuestión (pero satisfactoria en cierto sentido). Así, los relatos de los dioses griegos y romanos, el génesis judío, etc.

En nuestra sociedad occidental de tradición cristiana todas esas explicaciones fueron suplantadas por el Creacionismo, fundamentación teológica elaborada a partir de los datos bíblicos (fundamentalmente recogidos en el libro del Génesis) y de las ideas judías a cerca de YHVH - Dios Creador del Universo, a pesar de que Jesús de Nazaret nada "dejó dicho" sobre el tema de la creación.
Según el Creacionismo inmovilista, Dios habría creado todo lo que existe a partir de la nada y exactamente de la manera en que lo conocemos. Vamos, como el Hacedor de Matrix pero empezando a contar desde el momento en que plantase al hombre en la Tierra. Momento, por cierto, que en base al relato bíblico -tomado al pie de la letra por la "ciencia" (saber) de la época- sería aquel en el que Dios expulsó a Adán y Eva del paraíso.

Parece increíble que todavía haya gente que piense que es válida esta interpretación de los textos sagrados. Sin duda tras ello se enconde alguna otra poderosa razón que justifique negar las evidencias actuales. Un ejemplo es la afamada secta de los "Testigos de Jehová": ¿cómo puede sostenerse hoy en día que la antigüedad de la tierra es de unos 10.000 años partiendo de las genealogías bíblicas? ¿Cómo ignorar tal cantidad de evidencias científicas, desde la radiación cósmica de fondo hasta la datación del carbono 14? Hay acontecimientos estelares que visualizamos hoy en día y que se produjeron hace más de 10.000 años a una distancia de más de 10.000 años/luz.

Perio el caso es que el Creacinismo era perfectamente plausible desde la fe católica. ¿Por qué no? Si Dios es todopoderoso, creador y diseñador de todo lo que existe ("lo visible y lo invisible"), sin duda el testimonio de su Hijo y la fe en Jesucristo eran mucho más determinantes que el aceptar una teoría creacionista.

Pero desde el siglo XVIII en adelante la historia tenía reservada a la controversia entre fe y ciencia una temática de lujo para la discusión acalorada: el debate Creación o Evolución.

Los primeros indicios fueron los fósiles. ¿Seres vivos de otro tiempo o criaturas enterradas por Dios sin motivo aparente? La solución de compromiso fue satisfactoria durante bastante tiempo: quedaron sumergidos durante el diluvio universal. :D

Entonces llegó el enfrentamiento: en el siglo XIX, a la luz de todos los datos recopilados previamente y las ideas de los naturalistas, Charles Darwin publica sus hipótesis a cerca de la Teoría de la Evolución natural de las especies. En un ambiente en que el ateísmo era incipiente, la lucha entre los partidarios de las teorías evolucionistas (en su mayoría ateos) y los más excépticos creacionistas (con la iglesia en cabeza) fue encarnizada. El mismo Darwin, creyente, terminó sus días hecho un verdadero lío, dudando tanto de su fe como de las mismas evidencias encontradas.

Pero el golpe de gracia al Creacionismo vendría en el siglo XX y por partida doble: la síntesis en laboratorio de sustancias orgánicas daba vía libre a un origen de la vida sin intervención divina y la radiación cósmica de fondo - la observación de que los cuerpos celestes se alejan entre sí- se concretaba en la idea del Big Bang. De este modo, la "necesidad" de una explicación trascendente a la realidad del Universo parecía esfumarse por completo, buscando desde entonces la ciencia una explicación puramente racional y objetiva a lo que existe.

¿Cuál es el origen del Universo, de nosotros mismos y de todo lo que existe?

¿Y ya está? ¿Es este el fin de la historia? Si el Creacionismo estaba equivocado y la ciencia encuentra un modus operandi válido, ¿significa eso que hemos hallado la respuesta a la más inquietante pregunta de todas?

La mayor parte de la cultura occidental tiene asumido y acepta - aunque sea inconscientemente - que:
1º. Somos materia y energía que ha devenido en organización compleja a partir del Big Bang según las leyes de la naturaleza (física, química y biología). Del Big Bang a las estrellas y planetas, de la superficie de la Tierra a la materia orgánica de origen casual (reacciones químicas producidas por azar), y de lo molecular a lo celular y a la evolución biológica y natural de las especies.
2º. No es posible conocer actualmente qué produjo la gran explosión, qué existía antes o no; pero tal vez pueda conocerse en el futuro.
3º. La posibilidad de la Creación está totalmente "superada". Adán y Eva fue un cuento de hadas que hicieron tragar a nuestros abuelos. Era falso, lo sigue siendo y rebaja las ideas cristianas a la categoría de obsoletas.

Sin duda esta perspectiva racionalista y cientifista de la vida es, me atrevería a decir, muy simplista y de consecuencias aterradoras. Las ideas claves son las que no están escritas y provienen del ateísmo:
- La ciencia puede dar respuesta a casi todas las preguntas, sólo hay que darle tiempo.
- La historia del hombre es incierta y despreciable, ya que nuestros antepasados vivían en la ignorancia del a-cientifismo y daban por válidas explicaciones irracionales.
- Una explicación que deja la fe al margen es superior a otra que la integra.

Es decir, que al final lo que subyace es la OPCIÓN FUNDAMENTAL de los autores de la teoría: Dios no existe. De otro modo habría que cuestionarse seriamente ¿Qué relación se establece entre Dios y el big bang, entre Dios y la teoría de la Evolución? ¿Son compatibles? ¿Por qué el big bang y la evolución anulan directamente la posibilidad de su existencia?

Es posible que algún lector cuya opción fundamental sea el agnosticismo preguntase: pero, ¿por qué íbamos a mantener la explicación de un Dios creador siendo la evolución una respuesta más racional, sencilla y satisfactoria? Pues, primero, porque la fe tiene sus propios motivos, fundamentalmente históricos, que no se anulan al encontrar otra respuesta. Y segundo, porque aunque se puede considerar más "racional" (si fuera irracional creer que Jesucristo resucitó y decía la verdad por los testimonios que se dieron), y más "sencilla" (si es sencillo imaginar un punto de densidad infinita flotante en medio del espacio que estalla sin causa conocida y da lugar al Universo), en ningún caso es "satisfactoria" para aquellos que hemos decidido realizar otra OPCIÓN FUNDAMENTAL distinta: Dios existe, es el único ser absoluto y ha creado todo lo que existe.

7.10.06

Trataré de explicarlo con un ejemplo: ¿Qué es esto?


¿Una simple moto?
Puede que sí... pero ¿qué es en realidad una moto?

La pregunta puede parecer peregrina pero, como casi siempre, si tiramos del hilo puede que nos sorprenda hasta dónde se puede llegar. Puede parecer una mala excusa pero verán:

En primer lugar, nuestra mentalidad occidental tiene una tendencia a la definición descriptiva: esto es una moto, que es un vehículo de dos ruedas, con motor de combustión... etc. Está bien. Pero llega un momento en que deja de ser interesante, aunque a veces no nos demos cuenta. Las descripciones suelen ser físicas, estéticas, funcionales, objetivas, teóricas.

¿Una simple moto?
Esta imagen la mandó mi hermano por correo electrónico con el asunto "Estoy enamorado". Se trata de una moto muy especial, una réplica de la Ducati de competición que llevan Capirossi y compañía en las carreras pero puesta en la calle. Sólo se van a construir unos cientos de unidades en todo el mundo. Yo no tengo los detalles, pero sin duda no es "una simple moto". Supongo que cada moto será especial por algo.

Con todo esto quiero añadir a la reflexión el grado de profundidad con el que solemos analizar el mundo que nos rodea. La realidad es tremendamente compleja y nosotros creemos que podemos simplificarla hasta límites increíbles a cambio de nuestra falta de conocimientos o de interés por los detalles.

El reconocimiento de la propia ignorancia y el interés por la profundidad espero que sean un común denominador de mis reflexiones compartidas.

¿Una moto qué es?
En mi familia siempre hemos sido moteros. No es casualidad que mi hermanito sienta amor por la máquina de más arriba. Las personas tenemos más sentimientos que razones. Mi padre escribió un libro durante su convalecencia de cáncer de pulmón; es para leerlo. Su pasión por las motos es la que hemos heredado nosotros. En uno de los momentos de su libro (y de su enfermedad), después de contar una salida con la moto y describir las sensaciones únicas que le hacía vivir, llegar a decir que "pienso en la nueva moto que me gusta, si quiero seguir viviendo es por comprármela. De locos".
Sin duda exageraba, ... ¿o no?. Esto que llamamos moto puede llegar a ser "el sentido de la vida" bajo determinadas condiciones en determinados momentos.

¿Hasta dónde se puede llegar?
Pues es, en definitiva, hacia donde quiero ir. Ocurre que si nos paramos a pensar casi cualquier cosa puede ser motivo de un hilo de preguntas interminable. Y al final -a mí me pasa- siempre despunta queriendo o sin querer la opción fundamental.

Allí donde se acaba lo descriptible, donde termina lo razonable... aparece la creencia, la fe. "¡¡Está loco!!"-dirán. "¿Qué tiene que ver una moto con la fe?".

Pues mucho. Si mi opción fundamental es la de ser creyente-cristiano-católico o si es cualquier otra las respuestas últimas cambian. Para un cristiano el motociclismo, como el resto de realidades, ha sido idea de Dios - permítanme la expresión. El hombre ha colaborado, claro está, pero de la misma manera que los mecanismos de la evolución en el caso de la vida. Una moto es como es porque los principios fundamentales de la física y de la "realidad" así lo determinan. Por ejemplo, el concepto de rueda que existe mucho antes que las ruedas mismas, o la longitudinalidad de su ser, que es provocada por el espacio en tres dimensiones.
Supongo que me explico. Si la luz va delante, "es por algo"; cuando estudié biología de la evolución nos contaron cómo los órganos sensoriales se agrupan en la parte delantera de los seres longitudinales y las vías de desecho lo hacen en las traseras... ¿ven?.
Si para tomar las curvas hay que inclinarse para contrarrestar gravedad e inercia, "es por algo"... y así podría seguir.

Y si soy cristiano tengo que pensar que todos los "por algo" tienen su origen en la mente de Dios. "Él ya lo había planteado así". Todo lo demás son consecuencias lógicas y colaboración del hombre con su creador.

5.10.06

Definiciones: opción fundamental.

"Siempre hay dos razones para cada cosa: una buena razón y la verdadera razón"

El hombre es el único ser capaz de interrogarse a cerca de su origen, del sentido de su vida, del sentido de lo que le rodea y de su propia muerte.
A lo largo de nuestra existencia la educación que recibimos, nuestra experiencia vital y nuestra voluntad forjan una serie de principios sobre los que damos respuesta - en mayor o menor medida - a esas cuestiones fundamentales.

Hoy en día, el devenir de la historia nos ha dejado un mundo dividido en el que las sociedades occidentales, más desarrolladas tecnológicamente, prestan cada vez menos atención a las preguntas fundamentales que son las únicas que pueden dar sentido a su vida y a su muerte.

PERO LO CIERTO ES QUE TODOS NECESITAMOS ATENERNOS A UNA OPCIÓN FUNDAMENTAL en nuestras vidas. Todos buscamos y encontramos respuestas a nuestra propia vida, seamos o no conscientes de ello.

La opción fundamental no es otra cosa que la decisión que todo ser humano hace en algún momento de su vida por adoptar una serie de principios coherentes entre sí.

A veces, esa opción ni siquiera es consciente y parece venir dada por la tendencia social. Otras veces la falta de desarrollo intelectual de las propias ideas llevar a cumplir esa máxima que dice:
"Si uno no vive en conformidad con lo que piensa termina pensando según vive". En ese caso es bastante frecuente el autoengaño, pudiendo el humano perfectamente considerarse algo muy distante a lo que es.
Por fin, en ocasiones la opción fundamental a sido tomada, madurada o incluso ideada por la propia persona, que la acepta como principio integrador de su existencia.


Dos opciones fundamentales diametralmente opuestas:

En mi entorno observo cada día dos opciones fundamentales.


Cristianismo:

La fe más extendida en nuestro mundo occidental sigue siendo una opción válida hoy en día. Adoptar (o no) la religión del Dios de Jesucristo es algo trascendental en la vida de una persona. Optar por el cristianismo es CREER en la persona de Cristo a través del testimonio histórico de los creyentes.
La fe, por tanto, es una cuestión HISTÓRICA y se basa principalmente en una serie de acontecimientos que no pueden ser explicados, sino sólo admitidos: los MISTERIOS de fe. De ellos, el fundamental, el que avala a todos los demás es el de la Resurrección. ("Si Jesucristo no ha resucitado, vana sería nuestra fe").

¿Es posible que en pleno siglo XXI, en los albores del tercer milenio, siga habiendo gente que se crea todo el rollo cristiano?
Pues sí. Partiendo de las experiencias personales y religiosas, del encuentro con la doctrina y con la persona de Jesús, del testimonio de fe de tantos hombres y mujeres a lo largo de la historia... el ser humano es capaz de optar por admitir la existencia de Dios y de relacionarse con él.


Pensamiento único:

Si uno analiza objetivamente (en la medida de lo posible) la realidad de nuestra sociedad actual no puede dejar de admitir que existen una serie de principios y valores "universales", compartidos por la inmensa mayoría.
Sin embargo, ¿estos valores y pensamientos han sido cuestionados y madurados por aquellos que los adoptan?, porque su planteamiento ha sido claramente dirigido por medio de la política y de los medios de comunicación de masas.
Hay infinidad de ejemplos: el ateísmo, la democracia, el pragmatismo, el consumismo, el individualismo, el relativismo y subjetivismo, la ausencia de la verdad absoluta, el anticlericalismo, el anticoncepcionismo... etc, etc.
Tantos que, al final, todas esas ideas se organizan y complementan en un sistema de pensamiento ciertamente "coherente" - aunque no integrado formalmente, ya que se evita su formalización- al que se empieza a conocer como "PENSAMIENTO ÚNICO".